jueves, julio 06, 2006

La foguera de San Juan de Amandi

A XUAN ORDIERES CARAVIA, alfarero, y a JACOBO COSTALES MATEOS, azabachero y fundidor, que conocen bien el FUEGO.

‘San Juan de Amandi se levanta sobre una cresta, muy cerca de Villaviciosa, camino del Infiesto. La iglesia ha sido rehecha en el XVII y arreglada en el XIX con verdadero primor. Su claustro exterior domina las cuestas que conducen hasta el pórtico, y, detrás de las puertas antiguas, una nave blanca, desnuda, denuncia buen gusto y mimo al cuidarla. El ábside, maravilloso ejemplar románico del siglo XII, se ofrece perfectamente a la contemplación. Nada de imágenes estorbadas, ni de vanas decoraciones. El ábside habla por sí solo con la elocuencia de sus capiteles, de sus arquillos y ventanales.

‘Y, como en todas partes, silencio y soledad. Desde lo alto del pórtico se oye un murmullo de conversaciones. Unos obreros arreglan unas tumbas en el cercano cementerio. Llegan, isócronos, los golpes que afilan la guadaña. Una fresca voz de soltera canta en un sobrado. Llega, tibio, mojado, el viento del mar, que trae, a ráfagas, el clamor de una herrería. El reloj de la iglesia resuena, profundo, en el valle. Y otra vez un halo de silencio envuelve la iglesia modesta, noble, delicada’ (ZAMORA:1985,144).


Ubicación de Amandi en el contexto del Principado de Asturias.

El ‘prau’ de San Juan de Amandi ha ejercido en mí, desde que crucé el puente medieval por primera vez, una atracción que aún hoy no sé explicar. De hecho, fue uno de los lugares que motivó un artículo en el Cuaderno nº 17 de Cubera, por lo que retomo la cuestión donde la dejé: ‘¿Vienen conmigo a buscar a nuestros antiguos dioses y a devolverles lo que de sus confortables hogares queda?’ (RODRÍGUEZ:2004,64).

Históricamente es difícil determinar cuándo comienza la foguera de San Juan en Amandi, lo que sabemos es que a mediados del siglo XIX Amandi celebraba una feria de ‘lienzos, paños y otros efectos (…) el 24 de junio en el sitio denominado Campo de San Juan de Amandi’ (MADOZ:1845-1850,35). Feria de la que volvemos a tener noticias a finales de siglo. Canella, refiriéndose a las de Villaviciosa dice que 'las romerías de más animación son: de San Blas, en Casquita, con los tradicionales amagüestos, en Febrero; de Santo Medero, en Rozadas, por Marzo; de Velilla, Bedriñana, y San Juan, en Amandi, Junio; el Corpus, en Valdediós; por la Ascensión y Pascua de Pentecostés, en Amandi... ' (CANELLA: 1897,109).

Vista general del 'prau' de la fiesta. Al fondo el puente y el río de la Ría.

El ‘PRAU’ DE AMANDI.

Yo sé donde habita el sol, en Amandi, en un lugar mágico, en uno de esos ‘centros del mundo’; en uno de esos sitios donde la naturaleza te deja atónito, donde confluyen una serie de circunstancias que lo hacen apacible y sereno y donde el murmullo del ambiente se impone plácidamente; no hay viento, casi todo está quieto o se mueve despacio, como las hojas al caer de los árboles, y te sientes tranquilo y relajado; en un lugar recogido, en un prado arropado por la confluencia de dos ríos –el río Valdediós y el río de Amandi que se unen para formar el río de la Ría o de Linares-, no lejos de una fuente, a los pies de una de las cuatro capillas que posee la parroquia, la de San Juan Bautista, alusiva y dedicada (MADOZ:1845-1850, 34). Así describe Fermín Canella ese valle: 'Del Arbazal brota el riachuelo, que atraviesa el concejo en toda su longitud, y aumentado por uno y otro lado con arroyos como los de Grases, Soto, Viacaba, Remolina, Españadal, Profundo y más en Amandi, se llama Linares y forma enseguida la ría del Puntal' (CANELLA: 1897,108). Y bordeado ese delicado espacio, suavemente, cnasado, está el viejo camino, al que le cuesta elevarse sobre el lomo del puente para cruzar el río, y cuyo origen hay que retrotraerlo, como muy tarde, a época medieval, a la puesta en marcha del Camino de Santiago. Y de ahí hacia atrás. De hecho, era una de las vías de comunicación principales que aún en el primer tercio del siglo XIX, servía para comunicar el valle con la capital, pasando en el lugar de referencia, por ‘antiguo puente’ (CANELLA: 1897,124).

Sitaución del 'prau' de la fiesta de San Juan, Amandi, a E. 1:25.000.

Aunque el puente y camino hoy ya está muy integrados, pues el paso originario a Casquita seguramente se hacía aguas arriba, por la Ferrería, no resulta difícil imaginar cómo debió ser este lugar. A mediados del siglo XIX, Madoz recoge la siguiente descripción de toda la parroquia ‘en cuyo tránsito encuentra el viajero pintorescas y agradables vistas, tanto por sus diversas y fondosas arboledas, cuanto por la variedad que ofrecen las tierras destinadas a prados y cultivo’ (MADOZ:1845-1850,34). ‘¡Qué verde es mi valle!’

Mapa Geológico.

No sólo confluyen los dos ríos señalados dando lugar al nacimiento del río de la Ría, sino que podríamos afirmar, que con éste se inicia el curso bajo de la cuenca hidrográfica, de tal manera que tanto el Valdediós como el Amandi separan la llanura aluvial de los terrenos triásicos del Muschelkalk y del Keuper, compuestos fundamentalmente por arcillas rojas y evaporitas y, en cuyo tramo superior, aparecen margas rojas con yesos y jacintos de Compostela, cuarzos bipiramidados de tonos rojizos o claros, de pequeño tamaño. Por encima, el Cretácico con manifestaciones de conglomerados a la altura de Amandi (ENADIMSA:1973).

El río de Amandi a su paso por La Ferrería.

Hasta hace poco, tal vez un par de años, la alameda, cuya expresión más fuerte está aguas abajo, dando lugar a un topónimo, acompañaba la ribera del río de la Ría.

Es difícil saber, a fecha de hoy, cuál es el origen, en general, de las fiestas de San Juan y de las de Amandi en particular. En cualquier caso, es evidente que esa advocación y de fe cristiana, coincidente además con el solsticio de verano, representa una tradición pagana. Representa una manifestación más de lo que Frazer denomina “fuegos del solsticio estival” (FRAZER: 1890, 699 y ss.).

Por último, en lo alto del pueblo, en un pequeño rellano del terreno se alza, majestuosamente, dominando todo el entorno, hasta más allá de Villaviciosa en dirección al mar, la iglesia parroquial de San Juan Bautista, de la que hablaremos gráficamente en otro momento.

LOS ESPACIOS DE SAN JUAN.

Ya hemos hecho referencia, supra, a un lugar especial, el de Amandi, para celebrar la fiesta.


Vista general de la fachada de la Iglesia de San Juan de Amandi.

Sin embargo, en otros sitios, los altos son elementos topográficos que, por su relevancia y carga simbólica, son propicios para contener manifestaciones culturales en relación con esta fecha. Así ‘los pastores de Nava [en pleno corazón de la Comarca de la Sidra] ponen la víspera troncos en los picos próximos a Peñamayor, engrosando el extremo superior con rozu y árgoma, al objeto de que tenga más volumen y destaque desde lejos; se planta también un roble ante la iglesia’ (CASTAÑÓN: 1966, 55).

En otros casos esos espacios hacen referencia a manifestaciones arqueológicas: caso del dolmen de Campos, infra, y del Castro de Caravia. En relación con éste último, aunque la cita es un poco larga (LLANO, 1919: 184), merece la pena reproducirla por su sabor, dado que además hace referencia a otro yacimiento de ese Concejo, la zona de La Llana, dice así:

Detalle de la portada de la Iglesia de San Juan de Amandi.

‘En la mañana de San Juan, les Xanes salen a peinar sus cabellos de oro a los rayos del sol naciente, los Cuélebres se enroscan y duermen; entonces, las princesas que están encantadas en la fuente del Alisu, en un palacio de cristal, aprovechan el sueño del guardián para ir al Pico del Castro a limpiar la cadena de oro que le circunda; y al regreso, después de coger en el cotollar florecillas silvestres APRA tejer coronas y ceñirlas a sus sienes, en el camo de la Llana, danzan ágilmente, corren de un lado a otro respirando el aroma delicado que flota a su rededor, y juiegan a los bolos con bolas de oro y marfil.

Vista del interior de la Iglesia desde los pies. Es de nave única.

‘Y si durante el sueño del Cuélebre algún mortal introduce una medalla en el ojo de la fuente, se suspende momentáneamente el encanto; las princesas, llenas de alegría porque van a conseguir la libertad, hacen que su libertador se acerque con ellas a la fuente y le dicen:

‘- Toma nuestra riqueza y danos tu pobreza.

‘Y si en aquel momento no les entrega un objeto bendio, despierta el Cuélebre, y las princesas vuelven otra vez a su encantamiento.’

NO HAY FIESTA QUE SE PRECIE SIN COMIDA.

La de Amandi se celebra mediante una merienda cena campestre antes de la hoguera y en el prau preparado para ello.

Unión de los dos ríos: el Río de Amandi y el Río de Valdediós, para dar origen al Río de la Ría. Aquí comienzan los depósitos cuaternarios y el cauce bajo de la cuenca hidrográfica.

‘Así como en Francia existía el llamado “buey de San Juan”, también en Asturias los pastores sacrificaban alguna res para celebrar una cena en común’ (CASTAÑÓN: 1966, 45).

En Proaza, tras la recolección de leche y pan por las casas, se calentaba todo en una gran perola para realizar la comida en común pero pronto sentían la necesidad de hacer lo que nadie podía hacer por ellos.

EL ORIGEN DE LA FIESTA DE SAN JUAN.

Vista general del puente desde el Sur.

Caro Baroja cree que el origen de la fiesta trasciende el mundo clásico, pues estamos ante ritos muy viejos, en honor al Sol, que hace huir a la noche, a la obscuridad, y en Asturias a la niebla… Es importante reseñar este dato, pues a finales de junio y prácticamente todo julio en Villaviciosa, son meses que, seguramente, por las condiciones orográficas precisas que envuelven al valle, suele haber niebla: se mete la nube por la mañana y no se quita ya en todo el día, dando en general una temperatura temperatura muy grata para las fechas de las que hablamos.

Detalle del 'prau' de la fiesta de San Juan de Amandi.

Siguiendo con el ovillo, los Padres de la Iglesia recuerdan este origen pagano: en el siglo IV, San Agustín (354-430), reconoce en la fiesta una herencia pagana.

A mi juicio es importante señalar la ligazón que tradicionalmente se hace de esta fiesta con la agricultura y sus religiones. Para Elviro Martínez, el solsticio de verano es ‘tiempo preñado de fondos ancestrales de las viejas religiones agrarias de la Humanidad. En otros términos: hay fiestas de estío que entroncan el folklore religioso cristiano con ritos paganos más antiguos que han venido a sustituir o con los que han acabado por fundirse, acotar el origen y diferenciar los ensamblajes desde niveles rigurosamente científicos entraña siempre riesgos sin límite’ (MARTÍNEZ: 1994:185). Sin embargo, dejar el origen cronológico de la fiesta sin fijar y atribuirlo a la noche de los tiempos, señalando que fijarlo entraña riesgos sin límite, representa una contradicción de método y de contenido. Si se asume como origen el religioso y dentro de él el agrario, es evidente que ambos tienen un origen cronológico ligado a algún momento de la historia de la humanidad.

Detalle del puente a la salida del 'prau' de la fiesta.

Sin rehusar a tratar el tema del origen de la Religión en general, ahora lo pertinente es abordar el origen de las “religiones agrarias” en particular. Y en tal enunciado, es evidente que hay un artículo en la proposición, el de “agrario”, que tiene proyección cronológica.


En estos momentos se inicia la preparación para darle fuego a la hoguera.

De hecho, se admite lo “agrario” como una de las actividades productivas que define uno de los grandes períodos de la Historia, el Neolítico, para diferenciarlo del mundo de cazadores-depredadores (Paleolítico). Por tanto, si se admite que la fiesta del solsticio de verano hunde sus raíces en las religiones agrarias, siendo coherentes con tal afirmación, la misma no puede ir más allá cronológicamente que la propia actividad que la justifica: el Neolítico. De ser así, de admitir su inicio en el mundo agrario, el nacimiento de la fiesta en honor al dios Sol habrá que llevarlo a la implantación del Neolítico y sus formas de entender la vida. A tenor con esta tesis, su difusión, en Asturias, tendría lugar, forzosamente, a partir del 7500 BP. como muy temprano.

Momento en el que se enciende la hoguera de San Juan de Amandi.

Y aunque estaría aún por demostrar que el culto al Sol y su evidente relación con el solsticio no tienen un origen Paleolítico, en el Principado de Asturias, 7500 BP. es la fecha aceptada como punto de inflexión entre el clima Preboreal y el Atlántico y como momento en el que se produce la transición entre el Epipaleolítico y el Neolítico a través del Asturiense. Sin embargo, los verdaderos testimonios industriales que reflejan ese cambio, no forzosamente ligado a la agricultura, habrá que buscarlos, a fecha de hoy, a partir del 5000: en la cueva de Los Canes, el nivel 6-I -con filiación mesolítica-, tiene una cronología absoluta de 5230 intersección cal. BC o y Los Canes, nivel 7, claramente Neolítico, 4.750 BC (ARIAS et al: 1995, 87).

Este carácter cronológico vendría reforzado por algunas prácticas relacionadas con estructuras megalíticas: ‘Los vecinos de Tapia de Casariego, para ver la embarcación deseada han de realizar todas estas prácticas al lado del dolmen que existe en Campos’ (CASTAÑÓN: 1966, 28). Topónimos, como el de La Campa de San Juan en Salas, con una numerosa necrópolis tumular y un dolmen de buenas proporciones, para estar ubicado en Asturias, reforzaría aún más esas relaciones cronológicas con el Neolítico.
Comienza a cantar el coro para que se inicie la 'danza prima'.

Posteriormente, el cristianismo, en su propia adaptación y reconfiguración, recubrió este fenómeno natural con la advocación a San Juan.
Si es complejo el origen de esta fiesta, no lo es menos el de su significado, el cual a duras penas puede intuirse a partir de los elementos que caracterizan dicha celebración: el fuego y el agua.


Corro de la danza prima alrededor de la hoguera de San Juan.

Un hecho que creo que ha pasado desapercibido y en el que es necesario reparar es a mi juicio el siguiente: toda la tradición relaciona la fiesta con la luz, y como tal aquí lo haremos. Sin embargo, la verdadera acción benéfica que se genera ese día o es de noche o es al amanecer. Es decir en la obscuridad o en ausencia casi de luz.

Si uno repara en el protocolo de recolección de plantas beneficiosas (saúco, verbena y otras, infra) y en las recetas sobre la preparación para que las mismas tengan propiedades curativas, observará que de manera sistemática se recogen de noche y, a poder con la rosada, pero ‘antes de que salga el sol, pues éste las desprende de la virtud adquirida para curar determinadas enfermedades’ (CASTAÑÓN: 1966, 46 y passim). De hecho, lo importante en esa fecha no es el día sino ‘la noche de San Juan’, es decir: la obscuridad.


Otro detalle de la danza prima alrededor de la hoguera de San Juan de Amandi.

SIGNIFICADO DE LAS FIESTAS DE SAN JUAN

Estas bases, sirven a Elviro Martínez para establecer uno de los puntos de conexión de la festividad con el mundo clásico. La presencia del agua y del fuego es relacionada con las filosofías de Heráclito y de Tales de Mileto.
Para Heráclito, el fuego es el principio de todas las cosas: todo se compone de fuego y todo se descompone en el fuego. En cambio, Tales de Mileto sostenía que todas las cosas estaban formadas por agua y que en ella se disuelven. Coetáneos de Tales, Hesiodo y Ferecides de Siro sostienen también los mismos principios.

Otro detalle de la danza prima alrededor de la hoguera de San Juan de Amandi.

La presencia de agua y fuego es bastante común en las teogonías orientales. De hecho, en el cantar de Gilgamehs, anterior a pasaje del Diluvio Universal de la Biblia, el agua desempeña el doble papel de limpieza y amenaza. Más tarde, Homero, en la Iliada cita al Océano padre.

Otro detalle de la danza prima alrededor de la hoguera de San Juan de Amandi.

Paralelamente, los ríos y los lagos han sido tradicionalmente venerados como dioses en las grandes religiones: el Nilo, el Ganges, el Tíber, el Eúfrates, etc. De estos cultos han surgido los dioses antropomorfos, los grandes dioses y los pequeños duendes: ninfas, ondinas, Poseidón, Neptuno, etc.

Pero ¿qué ve la Iglesia en San Juan para dedicarle ese día?

Vista general del 'prau' de la hoguera de San Juan mientras la gente espera que bajen las llamas un poco.

El nacimiento de San Juan Bautista se produce 6 meses antes que el de Jesús, pues su concepción es así anunciada en la Biblia. Asimismo, antes, el bautismo se realizaba mediante inmersión y el encuentro entre ambos, de Jesús y Juan, es a orillas de un río.

Otro detalle de la danza prima alrededor de la hoguera de San Juan de Amandi.

EL FUEGO Y LA HOGUERA DE SAN JUAN.

En San Juan, el solsticio, el día más largo del año y la noche más corta, representa la victoria de la luz sobre las tinieblas, del Sol sobre la obscuridad, el sol baila esa mañana para celebrar su victoria y las hogueras de San Juan, ‘les fogueres’, se realizan ‘al conjuro del árgoma, la ginesta, el brezo y la leña…’ (MARTÍNEZ: 1994,149).

Otro detalle de la danza prima alrededor de la hoguera de San Juan de Amandi.

Para Aurelio de Llano, que publica en 1919 el Libro de Caravia, ‘el culto del fuego celebrado por los celtíberos, todos los años, en el solsticio de verano, existe en la actualidad como en la época de Strabón: las hogueras de San Juan y las de la víspera del Santo patrono de cada pueblo, dejan vislumbrar aquella costumbre pagana, cristianizada en la actualidad’ (LLANO: 1919, 182).

Otro detalle de la danza prima alrededor de la hoguera de San Juan de Amandi.

Un acto ritual tan importante, no podía dejarse ni al azar ni a la improvisación, por lo que la organización de la hoguera en Asturias se regía por normas consuetudinarias (CASTAÑÓN: 1958, 29). En esta noche tiene lugar el RITO DE LA LUSTRACIÓN, por lo que la hoguera servía como rito de paso, interesaba para determinar también la madurez en el desarrollo de los adolescentes y su superación representaba el ‘paso’ a una edad adulta, lo que les capacitaba para asumir las responsabilidades propias: a los jóvenes que saltaban la hoguera, si la llama no les alcanzaba, se casaban dentro del año. Por tanto estamos ante el rito de la lustración por el fuego (MARTÍNEZ: 1994, 153). En cambio, para las jóvenes la cuestión era más complicada, pues el casamiento dependía del número de fuentes, de si no se habían acostado o de si habían madrugado mucho. También es cierto que, en última instancia, quedaba Covadonga. Ahora bien, la toma del agua bendita por San Juan, no necesitaba necesariamente la presencia de ninguna autoridad religiosa que la consagrase, pues conllevaba no sólo el matrimonio sino también la fecundidad para el primer año de matrimonio (CASTAÑÓN: 1966, 21-22).

Detalle de jóvenes saltando la hoguera de San Juan de Amandi.

La hoguera representa también la purificación por el fuego, se queman cosas viejas, se quema el mundo que se quiere dejar atrás, el mundo que se fue y se va, junto a las malas hierbas y lo yermo, los troncos secos, es decir, todo lo malo e inútil. En cambio, en muchos lugares, para asegurar un mundo mejor, se guardan en las casas las hierbas recogidas por los niños, por lo nuevo, por la inocencia, por el futuro. Era costumbre, que días antes, los niños recogieran flor de saúco, principalmente, para colocarlo en las puertas y ventanas de las casas, a fin de protegerlas y proteger a los moradores de brujas, de maleficios e incluso de los ‘tragos’ (CASTAÑÓN: 1966, 49).

Otro detalle de personas saltando la hoguera en San Juan de Amandi.

En Cabranes, con unos velones sobrantes, referidos más abajo, se encendía la hoguera y, terminada ésta, se danzaba a son de la siguiente copla (CASTAÑÓN: 1966,32):

‘Mañanita de San Juan,
cuando la Virgen bajaba
a lavar sus santos piés
y la so bendita cara.

‘Y también:

‘Danza la Casiquina
dánzala asina, asina.
Ya vien el mió criau
col zurroncín al allí.
que venga que non venga,
yo por él no tengo pena.’

Portada de la capilla de San Juan de Amandi, en las inmediaciones del 'prau' de la fiesta. Delante de ellas se realizan las ofrendas.

En cuanto a su origen, Luciano Castañón cree que en Asturias ya se ha perdido su sentido primigenio, que queda la forma, la hoguera, pero desprovista de su verdadero contenido o del sentido que tenía en el paganismo, ‘y todo hecho ya sin ligazón mental o dependencia consciente respecto a la cristiana creencia de la hoguera prendida por Zacarías para anunciar el nacimiento de San Juan, ni tampoco las paganas ideas relacionadas, con Strabón, los celtas o los ritos propios del solsticio’ (CASTAÑÓN: 1966, 37).

Vista de la cabecera exterior de la capilla, que tiene adosada la fuente.

LA DANZA DE SAN JUAN

La hoguera, requiere la canción ritual y la danza que la tributa. Común a toda Asturias, Castañón (CASTAÑÓN: 1966, 36)señala la siguiente:

‘¡Señor San Juan!
Hoy ye la noche del Señor San Juan,
Viva la danza y los que en ella están.
¡Señor San Juan!
Ya en la foguera non hay que quemar,
Viva la danza y los que en ella están…’

La de Amandi es una ‘danza prima’ de la que recogemos abundantes muestras gráficas.

En Cabranes se bailaba la ‘casiquina’ (CASTAÑÓN: 1966, 56).

Bailes: detalle de la ofrenda el día 24 de junio, delante de la capilla de San Juan de Amandi.

Pero la danza no sólo se refiere a las personas, pues esa mañana se cree que baila el sol. El hecho cierto, es explicado por Castañón muy sintéticamente como ‘el fundamento es la refracción de la luz’ (CASTAÑÓN: 1966,54)

/>Bailes: detalle de la ofrenda el día 24 de junio, delante de la capilla de San Juan de Amandi.


EL ENRAME Y EL AGUA.

Por tanto, agua y sol, son los dos elementos consustanciales de esta fiesta. El fuego representa al Sol, a la claridad, al día. En Asturias, se creía que el sol bailaba la mañana de San Juan. Esta dicotomía, fuego-agua, podría tener proyección sexual: de hecho, el fuego y el Sol son masculinos, lo mismo que el acto de saltar la hoguera. En cambio lo húmedo, el agua, podría estar ligado al sexo femenino (RODRÍGUEZ: 2004, 60).Esta relación entre lo femenino y el agua ya ha sido demostrada con anterioridad, a mi juicio fehacientemente, por José Manuel González. Según este autor son divinidades femeninas, entre otras los ríos Narce, Lena, “Uerna”, Navia, Dobra, el Deva, el del límite de Asturias con Cantabria hasta un arroyo de Covadonga afluente del Güeña, pasando por el Deva afluente del Piles (GONZÁLEZ: 1963; 1964 y 1978). Deva también podría ser, nada menos, que el Mar Cantábrico (GONZÁLEZ: 1954, 32-34).

Pero dentro de esa polaridad, como ocurre en todas las grandes religiones patriarcales de origen ‘agrario’, parece que tendría prioridad el sexo masculino: el cuélebre que vigila la cueva, a la Xana y a la fuente, es masculino. La ‘rosa del agua’ se convierte en tal, por medio de los rayos, etc.

Aguas arriba, en Lugás, santuario donde los haya, existe otra creencia relacionada con les xanes en la noche de San Juan.

Según los vecinos de Lugás, en la vertiente norte de la pica el Castiello, más allá del reguero de La Reina, hay un peña muy grande. Peña que se abre la noche de San Juan y de la que sale una Xana.

Volviendo a la cuestión del agua, Luciano Castañón (CASTAÑÓN: 1966, 20) sostiene la tesis contraria al considerar que ‘después del agua, paradójicamente, está el fuego…’ A mi juicio, el hecho de que se enramen en muchos sitios las fuentes antes que la realización de la hoguera no indica la preeminencia del agua sobre el fuego. Es más, el propio Luciano Castañón recoge la tesis contraria, de como en algunas zonas asturianas, especialmente en el occidente astur, incluso cronológicamente, tiene lugar primero la hoguera y luego el fuego.

La descripción de la organización de la hoguera de Tablado (Degaña), no ofrece lugar a dudas sobre quienes son los que la organizan: los jóvenes y los niños de sexo masculino. Muy puntualmente, como ayuda en el acarreo de la leña, en sitios muy empinados, las mujeres y los viejos. Este carácter juvenil y masculino queda muy bien reflejado en el siguiente pasaje: descargado el carro y amontonada la leña en disposición adecuada, ‘quedan allí dos mozos de guardia, para que las mozas –jóvenes solteras- no la prendan antes de que sea de noche, ya que ellas tienen interés en prender la fugueira con objeto de mofarse de los mozos, diciéndoles que fueron ellas y no ellos los que la prendieron’ (CASTAÑÓN: 1966, 30).

‘En esta noche se sienten hombres’ (CASTAÑÓN: 1966, 30).

El agua esa noche se carga de propiedades benéficas, pues es una noche bendita, se carga de ‘mana’, de ahí que se llenen las vasijas para tener agua benéfica-bendita todo el año. Este agua sirve para curar las enfermedades, el mal de ojo, tanto de las personas como de los animales. Por ello, ese día, para que la fuente recibiera esos dones benéficos, debía prepararse con cuidado. De ahí que se limpien muy bien las fuentes de Asturias y se adornen con motivos florales: arcos de rosas y se las rodee de flores. En esta dirección, Elviro Martínez (MARTÍNEZ: 1994, 163), acepta como válida la explicación que Juan MENÉNDEZ PIDAL da en un cuaderno de campo, con fecha 23 de junio de 1967, sobre la limpieza y preparación de la fuente: ‘Se limpian las fuentes en la noche de San Juan para que la flor del agua pueda luego brotar limpia y pura’.

Sin embargo, el enrame tiene también otro significado, pues el mismo consiste, asimismo, en ‘poner el ramu’: en colocar el jóven enamorado un ramo en el balcón o ventana de su pretendida.

/>Bailes: detalle de la ofrenda el día 24 de junio, delante de la capilla de San Juan de Amandi.

LA FLOR DEL AGUA.

Enrique GARCÍA RENDUELES dice que la flor del agua es el primer agua que sale de la fuente a partir de las 12 de la noche, pues está bendita por la Virgen. No debemos olvidar que este autor era sacerdote.

En cambio, otras interpretaciones más acordes con todo el ritual sostienen, como la de CASAS, que la flor del agua es el primer beso que es sol naciente deposita en el agua. La ‘rosa del agua’ es, en última instancia, el primer reflejo matutino del sol en el remanso del agua del manantial. La ‘rosa del agua’ es la conjunción de luz-agua, en el cenit de aquella, que toca y purifica al agua, que se carga, entonces, de propiedades y de dones.

La primer joven soltera en tomar la ‘rosa del agua’, ponía una señal en la fuente, una rama, para indicar a las demás que la rosa ya había sido cogida. Si otra llegaba en segundo lugar iba a la siguiente fuente y así sucesivamente hasta que todas las fuentes del pueblo tenían la señal, ‘pero cierta vecina de Taja (Teverga), llamada Teresa Marina, fallecida a edad muy avanzada, no tuvo hijos, pese a ser casi siempre la afortunada en coger la flor del agua’ (CASTAÑÓN: 1966, 24-25).

Si ellas amenazaban con prender la hoguera, los jóvenes podían gastar la broma de esconderse APRA asustar a las chicas que se acercaban a coger la ‘flor del agua’ (CASTAÑÓN: 1966, 44).

Sin embargo, esas propiedades mágicas que el agua adquiere esa noche, no se reducen sólo a la ‘rosa del agua’.

/>Bailes: detalle de la ofrenda el día 24 de junio, delante de la capilla de San Juan de Amandi.

EL AGUA SALUTÍFERA.

Elviro Martínez, profundizando en esa concepción y ampliando el semántico de ‘la rosa del agua’, sostiene que la flor del agua ‘es el amor, la belleza y la salud’ (MARTÍNEZ: 1994, 163). Amor, belleza y salud no en sentido abstracto y simbólico, tal como lo interpreta nuestra cultura actualmente, sino que representa la personificación de dichos conceptos. Es, en esa concepción, algo material: ‘Es un ser vivo dotado de una fuerza maravillosa que expande vitalidad. A esto corresponden las siguientes atribuciones: fuente de hermosura; mantiene la cara tersa y fresca todo el año; signo de suerte; augurio de matrimonio y de maternidad; fermento excelente para el pan y todo un rosario de propiedades curativas para personas y ganados’ (MARTÍNEZ: 1994, 164).

En Asturias el agua de las fuentes o del rocío la mañana de San Juan tiene un carácter profiláctico: las personas con problemas de piel (sarna o erupciones) se revolcaban desnudas en los campos, si bien el rito podía simplificarse a caminar descalzos por entre la rosada. Pero como recoge irónicamente Luciano Castañón no siempre con los resultados esperados (CASTAÑÓN: 1966,22-24). Y Aurelio de Llano, aunque reconoce la inexistencia en Caravia de ritual en relación con la orvallada, hace referencia a una noticia de El Correo de Asturias, de 24 de junio de 1892, en la que se publica que las mozas del pueblo de Borines, en Piloña, se revolcaban completamente desnudas en los prados para tomar sobre sus pieles el beneficio de los poderes salutíferos del rocío (LLANO, 1919, 183).

En algunos lugares de Asturias, donde se ha recogido la tradición, se señalan ritos muy similares:

En Caravia, que aún no entendemos cómo no forma parte de la Comarca de la Sidra, la ‘flor del agua’ se cogía a las 12 de la noche mientras las jóvenes cantaban alrededor de la fuente (LLANO: 1919, 182).

En Parres, Llanes, se enlucían ‘con ramas de anobios, cuajadas de sus flores amarillas’ (MARTÍNEZ: 1994, 162)

En Teverga las mozas de un barrio luchaban por quitar la flor del agua a las de los otros barrios, dando lugar a ‘grandes peleas’ (MARTÍNEZ: 1994, 163)

Y en Ibias, recogían la ‘orvallada del río’ (MARTÍNEZ: 1994, 165)

Las bondades del agua en la noche de San Juan también las contenía en esos momentos el mar. Con San Juan se abría la temporada de los baños. En la costa, a diferencia de las zonas del interior donde se subía a los montes a ‘bailar el sol’, supra, la gente acudía a las playas. Sin embargo, ‘los rapaces de Caravia suben al pico Babú para ver el sol bailar en el momento que aparece bañándose allá donde las aguas del mar se unen al cielo y le besan…’ (LLANO: 1919, 182).

Ya en vísperas, los palos de las lanchas de enramaban con flores (Lastres, Llanes, etc.), tan es así que existe abundante presencia de un mar sanjuanero en nuestra lírica.

El rito del agua tendría dos objetivos, aplacar las iras del espíritu del agua y aumentar las virtudes protectoras de la misma como sustento de vida, proporcionando un aumento de la pesca (MARTÍNEZ: 1994, 168).

/>Bailes: detalle de la ofrenda el día 24 de junio, delante de la capilla de San Juan de Amandi.

SAN JUAN Y EL MUNDO VEGETAL.

Lo que para nuestros abuelos era evidente es que en San Juan se producían todos los ritos de la fertilidad. Fertilidad no sólo de las mujeres -la flor del agua-, no sólo del propio agua –aumento de la pesca- sino también de la agricultura. San Juan representa, por tanto, todos los ritos de fecundidad y fertilidad asociados a la agricultura.

Ese Sol que todo lo purifica, generaba ese día un aire y un relente que aportaba fuerza extraordinaria a las plantas, pues la fecha coincide con la máxima ‘intensidad floral’ y, esta fuerza de suyo estacional, es interpretada tradicionalmente como acción benéfica del sol, por lo que ‘las plantas tienen propiedades curativas, siempre que sean cogidas después de la noche de San Juan, porque el santo las bendijo…’ (CASTAÑÓN: 1966, 45).

San Juan no en balde marcaba también el inicio de la recolección y la siega.

En algunas villas costeras asturianas, se celebraba una fiesta que consistía en el alzamiento de un cenador en medio del jardín ‘ornado de ramajes y rosas, en que posaban las reinas, niñas vestidas de blanco y coronadas de flores, que con una bandeja, iban pidiendo para su jardín’, Por la noche en este templete se ponía música y se organizaba un baile. En cierto modo, el rito recuerda reminiscencias de los ‘Jardines de Adonis’.

En Asturias la planta por excelencia que más propiedades tiene es el trébol de 4 hojas y encontrarse con él suponía la fortuna para toda la vida (MARTÍNEZ: 1994, 169-170). En este sentido, el trébol de 4 hojas podría representar uno de los ‘centros del mundo’, uno de esos puntos donde confluyen el inframundo, el mundo y el supramundo, donde confluyen pasado, presente y futuro. El trébol de 4 hojas, además de su rareza, cabría preguntarse si, por medio de una transposición, posee alguna relación con la cruz de Cristo, otro ‘centro del mundo’, en tanto que elemento que representa la muerte y la resurrección.

Otra planta con poderes muy benéficos era la flor del saúco (sambucus nigra L.) que servía como depurativo de la sangre, para lavar los ojos, boca, etc. Dentro de ese vademécum habría que meter la verbena, el helecho, el árbol de San Juan, el roble y el fresno.

La verbena, tiene también propiedades benéficas para los dolores estomacales, las diarreas leves y las faltas de apetito.

La flor de helecho que florecía y granaba esa misma noche poseía también poderes especiales: recoger su flor equivalía a tomar posesión de la felicidad y la riqueza (CASTAÑÓN: 1966, 49).

En Taramundi, ‘se quema laurel verde, que previamente se había llevado allí para eso, saltando sobre ello cuando despide el consabido humo’ (CASTAÑÓN: 1966, 34).

Los enrames, infra, era otra de las manifestaciones de la proyección de San Juan sobre ese mundo vegetal, pues algunas plantas eran utilizadas como símbolo de pureza, de amor.

/>Bailes: detalle de la ofrenda el día 24 de junio, delante de la capilla de San Juan de Amandi.

SAN JUAN Y LA SALUD

Ya hemos hecho referencia a las propiedades curativas que el agua, en todas sus formas, por estar bendita por San Juan, posee esa noche. En Cabranes, aguas arriba del sitio de referencia, por la peculiar relación directa entre fuego y prevención de plagas, y por la variación que el rito tiene respecto al de San Juan de Amandi, y por pertencer el lugar a la Comarca de la Sidra, cabe reseñar que las antorchas se hacían con cortezas de abedul, conseguida por los niños días antes tras un proceso de pelado del árbol y secado del material. Estos velones servían tanto para hacer el conjuro contra las plagas del castaño como para proteger las casas. Algunas casas se pintaban de blanco en los días previos a San Juan. Luciano Castañón (CASTAÑÓN: 1966: 32 y 54-55) recoge la siguiente letrilla para el ritual de Cabranes mientras rodeaban las casas antes de encender la hoguera:

‘Granar, granar,
pero no carbeillar,
les castañes de los Heros
la Piedra y el Quintanal.’

Este mismo conjuro, en el caso de los castaños, se realizaba a su alrededor para protegerlos.

San Juan también cuida de la salud de los animales bien sometiéndolos a algún rito ligado al agua o a la luz, a los primeros rayos del sol, al fuego, directamente o de sus ascuas.

En Cabranes, se utilizaban velas tenebrarias, cirio que había sido bendecido el día de Jueves Santo, con las que se hacía el siguiente ritual para proteger al ganado: prendida la vela se recogen las gotas que desprende y se introducen en las orejas del ganado (CASTAÑÓN: 1966, 44).

SAN JUAN Y LA FERTILIDAD

San Juan es el santo casamentero por excelencia, pues ese día se ajustaban las futuras bodas del año, probablemente también en previsión de las consecuencias de la propia fiesta, pues los mozos se divertían al calor de la hoguera y ‘al resplandor de la luna’ (MARTÍNEZ: 1994, 174). Por utilizar la expresión de Jove y Hevia: ‘El vigor de la edad hacía su oficio entonces como siempre´ (JOVE: 1967, 137).

Junto con la del Portal, la de San Juan en Villaviciosa, aún en el primer tercio del XIX, era una de las grandes fiestas locales, en las que seguramente con un carácter más urbano que las de San Juan de Amandi, se presenciaban representaciones teatrales, se organizaban bailes, etc. Pero esa cultura, ya urbana, de festejar el día, no puede ocultar que, incluso en la capital del concejo, San Juan todavía tenía aún una gran utilidad en relación con el asunto que planteamos: ‘Con decir que eran las épocas de arreglo de bodas, dicho se está la animación y la pequeña intriga que en aquellos días dominaba la situación’. (Jove: 1967, 138). En Villaviciosa, San Juan era celebrado mediante una ‘cabalgata’ en la que los casados durante el año ‘acompañaban a sus esposas a la romería seguidos de lucido cortejo. Si los novios habitaban fuera del concejo, era costumbre que vinieran en ese día para exhibirse en la romería con numeroso acompañamiento’ (Jove: 1967:140, nota 22)

Escanciando y tomando un 'culín' de sidra...

Esa fertilidad a la que aludíamos, en la cultura tradicional, se expresaba mediante manifestaciones públicas muy estructuradas: esa noche, los mozos enramaban las puertas y ventanas de las casas de sus enamoradas. ‘Quitar el ramu, supone rechazar la proposición: es decir, no querer fundar un hogar con el declarante’ (MARTÍNEZ: 1994, 173).

Esos ramos podrían ser de ‘laurel, tejo, cerezo, espino, hinojo, espadañas o diversas variedades de flores (…). En la Roza (Villaviciosa), los enamorados tendían cuerdas desde un árbol próximo hasta las ventanas de las casas de sus novias o prometidas; las cuerdas se cubrían con follaje, y se adornaban con flores y golosinas’ (CASTAÑÓN: 1966, 37-38). Otras formas de enramar, consisten nada menos que en la tala de un álamo o roble, de éste último ya hemos recogido una cita de Castañón, supra, en relación con su plantío en la iglesia de Nava. Es a mi juicio significativo cualquiera de las dos especies, una por estar la primera ligada, fundamentalmente, a las riberas, al agua y la otra, el roble, por simbolizar en algunas culturas europeas ancestrales una relación directa con el sol, más como en este caso naveto, por estar en relación con un lugar sagrado: la propia iglesia, lo que revelaría la conjunción de las dos creencias.

Por otro lado es común en Europa la creencia de la asimilación de espíritus benéficos a los árboles, cuya expresión en Asturias, como en el resto del continente, son los ‘árboles mayos’ pero más significativo es que confluya con la festividad de San Juan, siendo frecuente en muchos lugares la tala de un árbol, el transporte a la aldea, sitio alto, etc. para hincarlo en esta nueva ubicación (FRAZER: 1890, 154 y ss.).

Pero el ramu al que aludíamos podía no se aceptado.

Cuando un galán había sido despreciado por una jóven, o cuando una jóven no se comportaba moralmente como la sociedad exigía, era objeto de alusiones públicas: ‘Lo más común, para demostrar el desprecio aludido, era pintar una cabezota con muernos -simples palitroques- en la fachada de la casa donde vivián las jóvenes que se quieren despreciar, pintándolos unos con un corcho quemado, otros con galipote, con tizones de hoguera o con corteza verde de nuez. De esta última manera, por ejemplo, en La Roza (Villaviciosa), donde a las desafortunadas, o a las que habían dado “calabazas” a algún galán, les pintaban los cuernos, o sea, una figura extravagante con unos cuernos muy retorcidos, usando, como queda dicho, el muergo –corteza verde de la nuez-, y precisamente por lo dificultoso que resulta el quitarlo de las fachadas. Esa noche solía dormirse poco, ya que las fachadas –blanqueadas a causa de la fiesta-, corrían el peligro de ser objeto de uso para los pintores de cuernos; pero las jóvenes –y a veces las viejas- esperaban tras las ventanas o balcones con un cubo de agua o de orina para tirarlo sobre quien se apoximara a pintarles los afrentosos cuernos…’ (CASTAÑÓN: 1966, 40). Otras formas de desprecio, de entre las muchas variantes que había, eran más alusivas, como la de la colocación delante de la casa de la chica de un monigote con un taruco de manoya de maíz muy grande y bien visible donde el hombre tiene sus atributos sexuales (CASTAÑÓN: 1966, 40).

SAN JUAN Y LOS ANIMALES.

Aunque San Juan no es el patrón de los animales conviene reseñar, además de las referencias aquí hechas, que en esa noche se conjuran a los animales dañinos para que no puedan extender sus poderes malignos ni al ganado ni a la población (CASTAÑÓN: 1966, 45).

Este poder de San Juan es tan evidente que los cuélebres ese día quedan tan debilitados que es posible vencerles.


Niñas asturianas.

LAS PROFECÍAS POR SAN JUAN.

El huevo en el agua es uno de los ritos que tiene carácter adivinatorio. Siguiendo determinadas pautas, a veces en relación con estructuras arqueológicas, como la ya mencionada del dolmen de Campos, introduciendo un huevo en agua se producían sólo en esa noche diversos fenómenos: desde la aparición de barcos con el velamen desplegado, lo que significaba que había viaje a la vista, hasta la visión de formas de ataúd, lo cual representaba la muerte de un familiar, etc. (CASTAÑÓN: 1966, 27-28).

LOS ENCANTAMIENTOS DE SAN JUAN.

En esa noche mágica tienen lugar acontecimientos que no se producen el resto de los días del año. Castañón (CASTAÑÓN: 1966, 50 y s.) recoge entre otros el siguiente: un vecino de ‘Eslabayu vio una capilla en el Madallín. Libardón (Colunga)’ donde debe suponerse que antes no existía.

Además de la debilidad que a los cuélebres les invade ese día, ‘los Cuélebres se enroscan y duermen’ que diría don Aurelio de Llano (LLANO, 1919:184), ‘les xanes’ salen esa noche con diversos pretextos: ‘salen a bailar; salen a peinarse con peines de oro; salen a lavar sus ropas y a tenderlas; salen a exhibir sus labores; salen a devanar madejas…’ (CASTAÑÓN: 1966, 51), es decir, salen y es ese el único momento, en que debilitado además el cuélebre, es posible desencantarlas para quedarse con todas las riquezas que guardan.

Niña asturiana.

LA LIBERTAD EN SAN JUAN

DESPUÉS DE LA HOGUERA COMENZABAN LAS TRAVESURAS.

En Asturias, en Tapia de Casariego, la de San Juan era una noche de desquite social, en la que las portillas de alguna finca del cacique local acababan en la hoguera (MARTÍNEZ: 1994: 153). Y en Siero, según me contó mi padre, habiendo hecho él lo propio, en los años 40 del pasado siglo, castigaban a los vecinos enemistados: cambiaban las portillas de los prados de dos vecinos que se llevaban mal, las ruedas de los carros de uno de ellos aparecía debajo del hórreo del otro, cuando no los dejaban en prados ajenos, etc. Estas y otras prácticas están muy bien recogidas en el ya citado artículo de Luciano Castañón (CASTAÑÓN: 1966, 41-44).

Esa relación con la fecundidad más arriba reseñada, encuentra en este apartado su máxima expresión: ‘al terminar la hoguera, cuando llega la hora del regreso, las madres miran hacia sus hijas, vigilando sus pasos, temerosas del refrán no asturiano: “La que sanjuanes, marcea”, o sea, si la moza tiene un desliz por San Juan –Junio-, en Marzo se hará evidente por la inminencia del parto; de ahí que en Asturias se diga: Antes de dir a la foguera, cuese bien al corexa –o faltriquera-‘ (CASTAÑÓN: 1966, 33).

La Ferrería, aguas arriba del lugar donde se hace la fiesta de San Juan de Amandi.

Esto, el regocijo de jóvenes de ambos sexos, generó abundante literatura y normativa prohibiendo algunas de sus prácticas: a finales del siglo XVIII, en 1786, en las ‘Constituciones synodales del obispado de Oviedo’, se prohiben ‘Filandones y fogueras’ pues las mismas causan muchos ‘pecados’ y ‘perjuicios’. Otras referencias más explícitas aún del ambiente en el que vivieron nuestros bisabuelos recogidas por Castañón, no dejan lugar a dudas: “con color de romerías, fogueras y devociones suelen concurrir muchas genes, y con este motivo ser grande el desorden, así en comidas y bebidas supérluas (…) y otras cosas indecentes de que se siguen muchos escándalos y pecados, especialmente de noche; por tanto prohibimos sopena de excomunión mayor dichas Romerías y fogueras, especialmente de noche…” (CASTAÑÓN: 1966, 33).

Vicente Rodríguez Otero.

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